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El judaísmo y el Programa de los 12 pasos. (Quinta parte)
Fundamentos para la consecución de toda la vida de recuperación.
Por el rabino Eli Glaser

PASOS 11 Y 12
Paso Once: Buscamos, a través de la oración y la meditación, mejorar nuestro contacto consciente con Dios, como nosotros lo concebimos, pidiéndole solamente conocer su voluntad para con nosotros y la fortaleza para cumplirla.
Paso doce: Habiendo obtenido un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar este mensaje a otros adictos y de practicar estos principios en todos nuestros asuntos..
Los pasos culminan en la responsabilidad colectiva de seguir invirtiendo en nuestra relación individual con Dios, así como nuestra obligación común de utilizar nuestra recuperación para ayudar a otros. En pocas palabras: \"No lo puedes retener a menos que lo dejes ir\". Como enseña Maimónides, el mayor nivel de cumplimiento de la mitzvá de amar a Dios es permitir que otros hagan lo mismo.
Vemos un resumen de nuestras tres relaciones humanas fundamentales en estos dos últimos pasos. Recuperación efectiva a largo plazo requiere un enfoque consistente en la abstinencia física de las sustancias o comportamientos adictivos, así como continua atención al crecimiento emocional y espiritual. La satisfacción propia es un crimen capital en lo que respecta a la adicción.
En verdad, es una sentencia fatal para todos nosotros, adictos o no. La única garantía que tenemos en esta vida es la muerte, y por lo tanto, cada momento es una preciosa oportunidad para el crecimiento. Esta realización puede poner de lado obstáculos que algunos podrían encontrar antes de adherirse al programa de recuperación de los 12 pasos.
\"Ya tengo una religión, no necesito esto. No es de origen judío\".
Los fundadores de AA fueron extremadamente cuidadosos en distanciar este proceso de todo tipo de religión organizada, por temor de alejar un alcohólico que de otro modo podría beneficiarse. Ellos entendieron que sólo a través de una experiencia física, emocional y espiritual es posible alcanzar la recuperación de la enfermedad de la adicción tal que dure para toda la vida.
Como Judíos, esto sin duda resuena con nosotros. No como sustituto de nuestra observancia de las mitzvot -Dios no lo permita. Sino más bien como una herramienta para mejorar nuestra práctica judía y nuestra relación con el Todopoderoso. ¿Acaso el judaísmo en sí mismo posee las herramientas necesarias para el crecimiento personal y la mejora? ¡Por supuesto!
Sin embargo, los adictos pueden beneficiar de un proceso diseñado específicamente para hacer frente al enorme problema que durante tanto tiempo ha desconcertado a muchos. Muchos Judíos que han entrado en las salas de recuperación luchando contra multitud de adicciones, testifican de la mejora de la observancia judía gracias a la eliminación de la nube de comportamientos compulsivos.
Fundamentos para la consecución de toda la vida de recuperación.
Por el rabino Eli Glaser

PASOS OCHO A DIEZ
Paso ocho: Hicimos una lista de todas las personas a quienes habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos.
Paso nueve: Reparamos directamente a cuantos nos fue posible, el daño causado, excepto cuando el hacerlo implicaba perjuicio para ellos o para otros.
Paso diez: Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuando nos equivocábamos lo admitíamos inmediatamente.
¿Cómo podemos pedir a Dios que nos perdone si nosotros no somos responsables de nuestras acciones?
La responsabilidad de nuestras interacciones con los demás está claramente delineada en estos tres pasos. El comportamiento adictivo puede tomar un peaje a largo plazo en las personas que están cerca del adicto. La recuperación es en gran parte un proceso de curación, no sólo dentro de nosotros mismos, sino para cualquier relación personal afectada negativamente.
La costumbre universal de los Judíos para identificar cismas con las personas cercanas a nosotros y pedir perdón es un elemento básico de nuestras actividades previas a Yom Kipur. ¿Cómo podemos pedirle a nuestro Creador que nos perdone si no estamos dispuestos a ser responsables de nuestras acciones con los demás?
La quinta y última parte traerá los pasos once y doce.
Fundamentos para la consecución de toda la vida de recuperación.
Por el rabino Eli Glaser

PASOS DE CUATRO A SIETE
Paso cuatro: hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos.
Paso cinco: Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano la naturaleza exacta de nuestros defectos.
Paso seis: Estuvimos enteramente dispuestos a dejar que Dios nos liberase de nuestros defectos.
Paso siete: Humildemente le pedimos que nos liberase de nuestros defectos.
El proceso de recuperación continúa con un inventario personal valiente e integral (Jeshvón hanefesh). El cuarto paso se enfoca, entre otras cosas, a los desafíos de la arrogancia, el egoísmo y la indulgencia que a menudo se encuentran en un adicto, al mismo tiempo que la agonía del comportamiento compulsivo.
Reconociendo estos defectos de carácter en nosotros mismos, hablamos con Dios y con otra persona bien versada en la recuperación, lo cual es fundamental en la corrección de la conducta. Esta no es una confesión, o la búsqueda de la absolución, como algunos equivocadamente concluyen. Más bien, es un método centrado en tres relaciones fundamentales en las cuales uno puede identificar y concretar defectos específicos con el fin de construir un plan de acción eficaz. Aquí no hay cabida para palabras insinceras.
Responsabilidad espiritual es una piedra angular en el judaísmo para el desarrollo del carácter. Trabajando con un socio (chavrusa), o un rabino, hablas de tus problemas y juntos diseñan estrategias para mejorar por medio de prácticas alentadoras (pasos cuatro y cinco: la relación del hombre con sigo mismo).
En los pasos seis y siete de nuevo vemos una transición a la relación del hombre con Dios. Reconocemos que Él es la fuente del éxito en la consecución de nuestro crecimiento espiritual y nos manda a ser proactivos en la solicitud de esta ayuda.
La siguiente parte traerá los pasos del ocho al diez.
Fundamentos para la consecución de toda la vida de recuperación.
Por el rabino Eli Glaser

PASOS UNO A TRES
Mirando a través de este prisma, podemos ver cómo los Doce Pasos abordan estas tres relaciones en el proceso de recuperación.
Paso uno: \"Admitimos que éramos impotentes ante… cual sea tu adicción. Que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables\".
Paso dos: Llegamos a creer que un Poder superior a nosotros mismos podría devolvernos el sano juicio.
Paso tres: Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de Dios, como nosotros lo concebimos.
Los pasos comienzan con una intensa conciencia de sí mismo al principio, la raíz del problema - la imposibilidad de cambiar el comportamiento a través de fuerza de voluntad, y reconociendo las consecuencias de mi conducta (paso uno: las relaciones del hombre consigo mismo).
Los pasos dos y tres son de transición en la relación del hombre con Dios, primero reconociendo que el Creador del Universo puede de hecho cambiar mi comportamiento (paso dos) si tomo las medidas necesarias (paso tres). En pocas palabras: \"No puedo, Él puede, creo que lo permitiremos...\"
Algunos argumentan erróneamente que admitir impotencia es contrario a la caracterización de libre albedrío del judaísmo - \"Si realmente me propongo algo, voy a ser capaz de vencer cualquier reto\".
El Talmud, sin embargo, nos dice todo lo contrario. Se nos enseña que la yezter hará (mala inclinación) de una persona se fortalece y se renueva cada día. Y sin la ayuda de Dios, no tenemos poder para superarla. (Kidushin 30b)
Un principio fundamental judío es que todo está en las manos del Todopoderoso, excepto por el temor de los cielos (Berajot 33b). La única autonomía que poseemos en este mundo es la percepción (yireh) - para vernos en relación con el Creador del Universo, con el temor posterior que resulta de esa observación. Tenemos la libertad de elección, pero es totalmente en manos del Todopoderoso para permitir que la elección desarrolle con éxito la acción.
La enfermedad de la adicción es nada menos que el hara yezter, el yo inferior, tal como se manifiesta en las personas que recibieron este particular desafío en la vida. Sin la ayuda de Dios, somos verdaderamente impotentes.
La siguiente parte discute los pasos cuatro al siete.
Fundamentos para la consecución de toda la vida de recuperación.
Por el rabino Eli Glaser

Publicado por primera vez en 1939 en el libro titulado Alcohólicos Anónimos, los Doce Pasos han sido desarrollados por los fundadores de AA como un método de recuperación del alcoholismo. Desde entonces se ha adaptado para hacer frente a una gran variedad de comportamientos compulsivos y obsesivos - ya sea la adicción a sustancias como drogas, o de un proceso, como el juego de apuestas.
Más de 50 programas diferentes se han desarrollado durante los últimos 70 años, con millones de personas en todo el mundo que se han recuperado y obtenido beneficios directamente del programa de los 12 pasos.
Debido a que gran parte de la recuperación de los 12 pasos existe dentro de los límites de las reuniones de grupos anónimos, es difícil evaluar en forma efectiva su eficacia. Por lo tanto, algunos en la comunidad médica y científica no se atreven a dar testimonio de la eficacia sobre otros enfoques más clínicos. Sin embargo, pregunta a la gente que ha pasado bastante tiempo en las \"salas de recuperación\" y ellos te dirán que no tenían ninguna posibilidad de éxito antes de entregarse a la ayuda de doce pasos.
El judaísmo ha estado enseñando 12 pasos para 3.000 años.
Curiosamente, los Doce Pasos se basan en un paradigma de crecimiento personal que el judaísmo ha estado enseñando desde hace 3.000 años.
El primer punto sobresaliente en los Doce Pasos es que el comportamiento adictivo es mencionado sólo una vez - en el Paso Uno: \"Admitimos que éramos impotentes ante… cual sea la adicción. Que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables\". En ningún otro lugar de los pasos se habla directamente sobre el hábito compulsivo, pues los fundadores de AA entienden la adicción como una enfermedad con tres partes:
Física: antojos intensos.
Emocional: el uso de la conducta como un medicamento y distracción para hacer frente a problemas difíciles en la vida.
Espiritual / Intelectual: Sin acceso a Dios que ayude a detener la conducta; obstinadamente pensando que puedo hacerlo por mi cuenta.
Por lo tanto, la solución debe incluir estos tres aspectos de la recuperación:
Física: un cese total de la acción.
Emocional: el desarrollo de habilidades de afrontamiento saludables para hacer frente a situaciones difíciles.
Espiritual / Intelectual: Humildemente entender que soy impotente ante este comportamiento y pedirle a Dios que haga por mí lo que yo no puedo hacer por mí mismo.
Los sabios han enseñado que este prototipo es la base de la existencia, tanto individual como global.
\"Simón el Justo dice: el mundo se sostiene sobre tres cosas: la Torá (espiritual / intelectual), servicio (físico) y actos de bondad (emocionales).\" Ética de Nuestros Padres, 1:2. El proceso de Teshuva (auto-crecimiento y el arrepentimiento) tiene sus raíces en los tres pilares de nuestro ser.
Intelecto puede ser dirigido ya sea hacia arrogancia o humildad (y la conexión con el Creador).
Las emociones pueden servir los celos y el egoísmo, o la bondad amorosa y la compasión con otras personas.
Instintos físicos pueden dar rienda suelta a la lujuria y la indulgencia o pueden crear una restricción, y ser canalizados para un propósito superior.
Rabí Elazar HaKapper dice: “celos, la lujuria y la arrogancia eliminan a una persona del mundo\" Ética de Nuestros Padres, 4:28.
El judaísmo nos enseña que una persona tiene tres relaciones en el curso de la vida en que debe sobresalir: 1. consigo mismo, 2. con otros, 3. con Dios.
La relación con uno mismo significa una evaluación honesta de mis puntos fuertes y los defectos de carácter, la conciencia de mi propósito para vivir, y asumir la responsabilidad de mis acciones.
La relación con los demás se traduce en cumplir con mi papel único en este mundo, cómo puede beneficiar a otros, y ser conscientes del impacto que tienen sobre las personas con quienes tengo contacto.
Una relación con Dios me conecta con el Poder Infinito en este mundo, aprovechando el máximo placer y lo que me permite ver mi humilde lugar en el gran esquema de la creación.
En la segunda parte veremos los pasos uno al tres
Mi querido Esperanza, quiero compartir contigo lo mismo que escribi en el foro hace un par de dias en la seccion del grupo telefonico de los 12 pasos. Es un poco largo pero te aseguro que vale la pena leerlo.
Hatzlaja!
Después de algunas noches de introducción al programa de los doce pasos, anoche empezamos ya con el primer paso. Casi desde el principio de nuestra conversación un detalle muy importante vino a la luz: es muy posible que seamos adictos toda una vida y tendremos que mantenernos alerta para no caer. No hay nada ni nadie que nos pueda salvar de esta adicción. Esta noticia no sentó bien con algunos de los participantes hasta que descubrimos la otra cara de esta moneda… En Tehilím 84 hay un versículo que nos ofrece consuelo y jizuk: “Ki tov yom bejatzereja mealef bajarti istofef bebeit elokai mi dur be elohe resha”. Porque mejor es un día en tus atrios, que mil fuera de ellos. Prefiero estar en el umbral de la casa de mi Dios, que habitar en moradas de impiedad (Ver 11). Como adictos, tenemos dos opciones: podemos dejarnos llevar por la tentación o podemos reconocer nuestra impotencia y rendirnos a HaShem. Cuando nos rendirnos, nos presentamos ante el umbral de la casa de Dios. Nuestra adicción se convierte entonces en una invitación a tener una relación íntima con HaShem. No sé de ningún otro programa que ofrece una guia para nuestra recuperación como lo hace el programa de los 12 pasos.
Me rindo (paso numero uno)
El programa de los doce pasos no nos enseña cómo parar – ya hemos parado una y mil veces. Nos muestra cómo evitar caer de nuevo. Mirando atrás, nos damos cuenta que siempre deseábamos que el terapeuta, nuestro cónyuge, o que HaShem mismo nos detuviera - nos arreglara. Ahora, nos detenemos, y luego, nos entregamos a HaShem, y en nuestra entrega a Él, Su poder se hace eficaz en nosotros.
Unirse a un grupo telefónico no significa que el problema desaparece automáticamente. La mayoría de nosotros ha intentado parar incontables veces. El problema es que no podíamos permanecer limpios, porque nunca nos habíamos rendido. Por lo tanto, la primera vez que el deseo se apodera de nosotros de nuevo, cuando tengamos ese impulso de caer de nuevo, renunciamos a él, a pesar de que nos sentimos morir. Y a veces, en nuestro nuevo estado de ánimo, la ansiedad puede parecer más fuerte que nunca. Pero no tenemos que luchar como antes, no tenemos que perder la batalla como antes. Tampoco tenemos que ceder. Nos rendimos. Porque ganamos cada vez que nos damos por vencidos... cada vez.
Puede que nuestros viejos hábitos nos confundan. \"Mi cabeza gira automáticamente. No puedo dejar de alimentarlos. No tengo otra opción\".
Es que siempre hemos alimentado nuestro hábito. Simplemente, no estábamos conscientes de ello. Así que cada vez que esto sucede, debemos reconocer nuestra impotencia. En lugar de luchar o caer, nos rendimos. Marcamos a otro adicto, pedimos ayuda (de Dios), nos vamos a una reunión. Podemos incluso admitir que es posible que no tengamos un deseo total por la victoria sobre la lujuria, la mayoría de nosotros no tenemos motivos puros en nuestro deseo de recuperar nuestra cordura.
La recuperación es un proceso lento.
La primera vez que resistimos la tentación sin recurrir a nuestra droga, descubrimos que no nos morimos. Por el contrario, nos sentimos mejor, más fuertes, y vemos que a lo mejor hay esperanza. Hablamos de la tentación en una llamada telefónica o escribimos de ello en el foro. Esta actitud de entrega total ayuda a romper el poder que la memoria del incidente tiene sobre nosotros. Y si la lujuria nos domina de nuevo, hablamos de ello abierta e independientemente de la vergüenza de tal derrota. Todos hemos vivido esta experiencia y sabemos lo que se siente. También sabemos que la liberación y la alegría que trae esta rendición nos vuelven a la luz.
Por lo general, nos encontramos con que nuestra entrega inicial fue incompleta y empezamos a ver algunos cabos sueltos. Descubrimos que hemos escondido sentimientos y fantasías con el fin de tener una “reserva” para las necesidades futuras. Al igual que los alcohólicos esconden sus botellas.
\"Es la llave de su apartamento, quizá la necesite otra vez\".
\"Voy a guardar su número de teléfono, quizá pueda ayudarle en algún momento.\"
\"Voy a deshacerme de las revistas más tarde...\"
En la recuperación, simplemente nos deshacemos de las cosas que no son para bien. Nadie nos tiene que decir que hay que tirar, lo sabemos instintivamente. De hecho, siempre lo hemos sabido, pero nunca tuvimos el coraje de dejarlas ir. Tarde o temprano, el impulso ataca de nuevo, a veces de la nada, como una ola rompiendo sobre nosotros. Tal vez sea la primera vez que nos sintamos rechazados. Todos tenemos innumerables factores que pueden desencadenar un ataque de lujuria.
\"Nunca pensé que volvería a saber de esa chica otra vez. ¿Y ahora qué hago?\"
\"Es demasiado fuerte! ... Nadie notará la diferencia.\"
\"Una mirada nunca mató a nadie...\"
\"Todo el mundo lo está haciendo\"
A menudo comienza en lo profundo de nuestros pensamientos más íntimos, cuando estamos solos, cuando estamos viviendo dentro de nuestra cabeza y las emociones que no hemos enfrentado comienzan a abrumarnos. Entonces, ¿qué hacemos? Naturalmente, queremos usar la droga de nuevo, pues es así como estamos programados. En lugar de caer, nos rendimos. Una vez más. Al igual que la primera vez. Y el grito de ayuda se eleva otra vez: Yo soy impotente (HaShem), por favor, ayúdame!
Y tomamos la acción de no mirar más hacia adentro sino entrar en contacto con otro miembro. Tan pronto como sea posible. Cuanto más cerca del calor de la acción, mejor. Usamos el teléfono. Hacemos la llamada. Pero no llamamos porque queremos llamar. Hacemos un llamado porque sabemos que tenemos que hacerlo. Nuestro instinto de supervivencia viene a la vida. Y vamos a una reunión tan pronto como sea posible.
La primera vez que participamos en el programa, este grito de ayuda es, en efecto, como un tiro de escopeta que abarca los Pasos Uno, Dos y Tres. Rendirse, de cualquier forma. Eso es todo lo que se necesita, aunque nuestros motivos no sean lo más sincero o correctos. Cuando el deseo nos sobreviene de nuevo, repetimos esta entrega en el mismo punto de nuestro terror, en el fondo de nuestro infierno. Por eso es que admitir la impotencia realmente funciona, cuando estamos en el calor crudo de la tentación y el deseo. Una vez más, es el cambio de actitud que trae alivio. En lugar de, \"tengo que tenerlo o me moriré\" nuestra actitud es: \"Me rindo, estoy dispuesto a no tenerlo, aunque me muera\".
Y no te mueres. Tenemos un indulto. Una vez más. Un indulto que dura unos segundos, minutos, horas, quizás incluso días y semanas. El maremoto se apacigua. El ansia pasa. Y estamos bien. Estamos aprendiendo una de las verdades más importantes del programa \"Un día a la vez\".
Pero habrá otra ola de tentación detrás de esta, y tarde o temprano nos azotará de nuevo. Y esto puede hacer que perdamos el equilibrio.
\"¿Por qué siempre me siento recuperado después de cada pelea y luego quedo atrapado con la guardia baja por la ola que viene?\"
Muchas veces, al ver que hemos dejado de actuar de acuerdo con nuestro hábito durante un tiempo, nos sentimos liberados de él para siempre. Este es usualmente el momento en que volvemos a caer. Llegamos a la realización que siempre estaremos sujetos a la tentación y el poder de la lujuria. Hemos llegado a ver que ante la tentación nos sentimos absolutamente impotentes y que nunca podremos obtener el poder para vencer. Pero, el temor de nuestra vulnerabilidad disminuye gradualmente a medida que nos mantenernos sobrios y trabajamos los Pasos. El momento llega en que la obsesión - no la tentación - se habrá ido.
Empezamos a ver que no hay poder sobre la ansiedad y la anticipación, tenemos que resolver esto cada vez que ocurre. Por lo tanto, cada tentación a la que nos rendimos, cada vez que nos abstenemos de darle fuerza a la lujuria o cualquier otra emoción negativa, es un paso más hacia la recuperación, la curación y la libertad - una nueva oportunidad para cambiar de actitud y buscar la unión con HaShem. No llegamos aquí en un día, sino que toma práctica para sobreponernos al proceso adictivo en nuestro ser. Y se necesita práctica para desarrollar una conexión verdadera con HaShem y con nuestro corazón.
Indulto
A la primera señal de alivio de la obsesión, somos capaces de bajar la guardia. Una vez que aprendemos a vivir sin las cosas más obvias, corremos el riesgo de sentarnos y relajarnos, tomando la vida con calma.
\"Es como si alguien hubiera apagado el interruptor. Así de fácil sentimos que hemos alcanzado nuestra sobriedad\".
Podemos sentir como si la obsesión era realmente algo ajeno a nosotros, extraída como una espina de un dedo, y que podemos permanecer sin cambios, con las mismas actitudes y pensamientos que antes.
\"Voy a ir a ver esa película. Siempre puedo cerrar los ojos en las escenas malas\".
Nos guste o no, esa es la forma en que muchos de nosotros procedemos. Poco a poco. En lugar de correr alegremente al cielo, nos alejamos de nuestro infierno un paso a la vez. A menudo, renunciando a resbalones completos, algunos de nosotros pensamos que podemos permitirnos deslizamientos parciales, disfrutando el alivio temporal que traen. Probando nuestros límites, inventamos todo tipo de estrategias que nos permiten negar nuestra verdadera condición.
Empezamos a mirar a nuestro derredor y nos damos cuenta, una vez más, de lo que nos hemos estado perdiendo. Vemos que todo el mundo parece estar haciendo aquellas cosas que ya no hacemos y saliéndose con la suya. Sentimos la fuerza de atracción en nuestro interior.
\"¿Cómo puede algo que se ve y se siente tan bien ser tan malo para mí?\"
Gran tristeza puede sobrevenir y consumirnos. Dormir se convierte en una imposibilidad. Estamos inquietos, nos sentimos perdidos, vacíos, y no entendemos que es lo que está mal. El pánico interior se apodera de nosotros de nuevo y nos hunde una vez más en nuestra droga.
Es aquí y ahora cuando tomamos acción de nuevo. El dolor que una caída puede causar (y no vamos a hacer mención del miedo), nos sacude y trae devuelta a la realidad. Asistimos a una reunión, hablamos por teléfono, nos ponemos en contacto con alguien de confianza. Salimos de nuestra propia cabeza y entramos en acción.
\"Si me quedo en mi cabeza ahora, estoy muerto!\"
Una vez más, reconocemos que somos impotentes ante la obsesión, sólo que ahora podemos añadir un poco más a nuestro grito de desesperación: \"Por favor, ayúdame (HaShem) Tu voluntad, no la mía, sea hecha\".
Y respiramos otro suspiro de alivio y consuelo. Un nuevo indulto. A pesar de que es posible que nos dejemos llevar por la complacencia de nuevo, este es un momento de paz interior, una paz tal que nunca hemos sentido antes.
Corremos el riesgo de ser engañados porque cuando nos rendimos, nos sentimos satisfechos con nuestro “progreso”. Hemos sido vencedores en una pelea destructiva y hemos jurado \"¡Nunca más caer… en serio… nunca más!\". (¿No hemos hecho este juramente mil veces en el pasado?) Pero la próxima vez que tenemos la necesidad y la ola rompe sobre nosotros otra vez casi al punto de subyugarnos, no actuamos como es costumbre, no recurrimos a nuestra droga - un día a la vez, una hora a la vez, a veces minuto a minuto. Y al fin el antojo pasa.
Nos rendimos constantemente. Practicamos día con día, hora tras hora. Y después de tanto practicar, al fin se convierte en hábito. Así es como conseguimos el cambio de actitud que permite que la gracia de Dios entre en nosotros y nos ayude a expulsar la obsesión.
Nuestro javer \"un hombre muy enfermo\" comparte su experiencia:
Con la ayuda de mi Poder Superior, me uní a un grupo de recuperación a la adicción al sexo a principios de 2009 y comencé mi camino hacia la sobriedad sexual y recuperación por medio de los 12 pasos en mayo del año pasado. Hoy he celebrado 9 meses de sobriedad.
La cosa más importante que quiero compartir es que lucha contra la adicción, sea en una escala pequeña o grande, es seguir hablando de ello en un ambiente seguro. Somos muchos los que luchamos con esto y ¡NO ESTAMOS SOLOS! A veces me viene a la mente la idea de que estoy solo y eso es muy doloroso. Pronto caigo en cuenta de que muchas personas tienen exactamente la misma lucha que yo sino algo similar. Realmente podemos confiar en Dios y decir que Él nos hizo exactamente como tenemos que ser.
La clave más importante para mi recuperación fue entender que no me es necesario comprender. Esta es una de las cosas que realmente no entiendo. Acepto, no puedo hacer nada, y creo que el plan más grande se manifestará un día. Desde luego, no tengo opciones sobre mi adicción o la forma en que me impulsa.
Estoy felizmente casado con una mujer maravillosa y tengo una familia hermosa. Me centraré en la gratitud en vez de quejarme. Los invito a hacer lo mismo.
Es increíble ver esta parte del proceso de recuperación. En ocasiones me olvido de lo fácil que es entregarle todo a Hashem/Dios, confiar totalmente. Cuando conduzco mi coche, creo que me estoy manteniendo a salvo, cuando camino por la calle creo que estoy manteniéndome a salvo, Cuando como algo, creo que soy yo quien impide la asfixia, etc. Estoy tan cegado por mi propio ego que no tomo el tiempo para darme cuenta de que Dios está haciendo exactamente lo que quiere hacer y que es su plan y su voluntad que algo suceda y, al igual, que algo no suceda. Si algo sucedió que no creo que sea bueno o positivo, aun esto es la voluntad de Dios. Y cuando le pregunto \"¿qué debo hacer ahora?\", honestamente puedo confiar en que sea cual sea el resultado, es lo que Dios quiere. Para mí, la mejor manera de \"una entrega total a Dios\" es la dirección a seguir sin hacer preguntas. Al pedir consejo a mi patrocinador u otro adicto en recuperación, tengo que escuchar por completo, al 100%, no con la actitud de \"mi manera es mejor\". Este es el camino que me ha enseñado el acto de verdadera entrega.
Hatzlaja.
Después de algunas noches de introducir el programa de los doce pasos, el 18 de febrero empezamos al fin con el primer paso. Casi desde el principio de nuestra conversación un detalle muy importante vino a la luz: es muy posible que seamos adictos toda una vida y tendremos que mantenernos alerta para no caer. No hay nada ni nadie que nos pueda salvar de esta adicción. Esta noticia no sentó bien con algunos de los participantes hasta que descubrimos la otra cara de esta moneda… En Tehilím 84 hay un versículo que nos ofrece consuelo y jizuk: “Ki tov yom bejatzereja mealef bajarti istofef bebeit elokai mi dur be elohe resha”. Porque mejor es un día en tus atrios, que mil fuera de ellos. Prefiero estar en el umbral de la casa de mi Dios, que habitar en moradas de impiedad (Ver 11). Como adictos, tenemos dos opciones: podemos dejarnos llevar por la tentación o podemos reconocer nuestra impotencia y rendirnos a HaShem. Cuando nos rendirnos, nos presentamos ante el umbral de la casa de Dios. Nuestra adicción se convierte entonces en una invitación a tener una relación íntima con HaShem. No sé de ningún otro programa que ofrece una guia para nuestra recuperación como lo hace el programa de los 12 pasos.
Me rindo (paso numero uno)
El programa de los doce pasos no nos enseña cómo parar – ya hemos parado una y mil veces. Nos muestra cómo evitar caer de nuevo. Mirando atrás, nos damos cuenta que siempre deseábamos que el terapeuta, nuestro cónyuge, o que HaShem mismo nos detuviera - nos arreglara. Ahora, nos detenemos, y luego, nos entregamos a HaShem, y en nuestra entrega a Él, Su poder se hace eficaz en nosotros.
Unirse a un grupo telefónico no significa que el problema desaparece automáticamente. La mayoría de nosotros ha intentado parar incontables veces. El problema es que no podíamos permanecer limpios, porque nunca nos habíamos rendido. Por lo tanto, la primera vez que el deseo se apodera de nosotros de nuevo, cuando tengamos ese impulso de caer de nuevo, renunciamos a él, a pesar de que nos sentimos morir. Y a veces, en nuestro nuevo estado de ánimo, la ansiedad puede parecer más fuerte que nunca. Pero no tenemos que luchar como antes, no tenemos que perder la batalla como antes. Tampoco tenemos que ceder. Nos rendimos. Porque ganamos cada vez que nos damos por vencidos... cada vez.
Puede que nuestros viejos hábitos nos confundan. \"Mi cabeza gira automáticamente. No puedo dejar de alimentarlos. No tengo otra opción\".
Es que siempre hemos alimentado nuestro hábito. Simplemente, no estábamos conscientes de ello. Así que cada vez que esto sucede, debemos reconocer nuestra impotencia. En lugar de luchar o caer, nos rendimos. Marcamos a otro adicto, pedimos ayuda (de Dios), nos vamos a una reunión. Podemos incluso admitir que es posible que no tengamos un deseo total por la victoria sobre la lujuria, la mayoría de nosotros no tenemos motivos puros en nuestro deseo de recuperar nuestra cordura.
La recuperación es un proceso lento.
La primera vez que resistimos la tentación sin recurrir a nuestra droga, descubrimos que no nos morimos. Por el contrario, nos sentimos mejor, más fuertes, y vemos que a lo mejor hay esperanza. Hablamos de la tentación en una llamada telefónica o escribimos de ello en el foro. Esta actitud de entrega total ayuda a romper el poder que la memoria del incidente tiene sobre nosotros. Y si la lujuria nos domina de nuevo, hablamos de ello abierta e independientemente de la vergüenza de tal derrota. Todos hemos vivido esta experiencia y sabemos lo que se siente. También sabemos que la liberación y la alegría que trae esta rendición nos vuelven a la luz.
Por lo general, nos encontramos con que nuestra entrega inicial fue incompleta y empezamos a ver algunos cabos sueltos. Descubrimos que hemos escondido sentimientos y fantasías con el fin de tener una “reserva” para las necesidades futuras. Al igual que los alcohólicos esconden sus botellas.
\"Es la llave de su apartamento, quizá la necesite otra vez\".
\"Voy a guardar su número de teléfono, quizá pueda ayudarle en algún momento.\"
\"Voy a deshacerme de las revistas más tarde...\"
En la recuperación, simplemente nos deshacemos de las cosas que no son para bien. Nadie nos tiene que decir que hay que tirar, lo sabemos instintivamente. De hecho, siempre lo hemos sabido, pero nunca tuvimos el coraje de dejarlas ir. Tarde o temprano, el impulso ataca de nuevo, a veces de la nada, como una ola rompiendo sobre nosotros. Tal vez sea la primera vez que nos sintamos rechazados. Todos tenemos innumerables factores que pueden desencadenar un ataque de lujuria.
\"Nunca pensé que volvería a saber de esa chica otra vez. ¿Y ahora qué hago?\"
\"Es demasiado fuerte! ... Nadie notará la diferencia.\"
\"Una mirada nunca mató a nadie...\"
\"Todo el mundo lo está haciendo\"
A menudo comienza en lo profundo de nuestros pensamientos más íntimos, cuando estamos solos, cuando estamos viviendo dentro de nuestra cabeza y las emociones que no hemos enfrentado comienzan a abrumarnos. Entonces, ¿qué hacemos? Naturalmente, queremos usar la droga de nuevo, pues es así como estamos programados. En lugar de caer, nos rendimos. Una vez más. Al igual que la primera vez. Y el grito de ayuda se eleva otra vez: Yo soy impotente (HaShem), por favor, ayúdame!
Y tomamos la acción de no mirar más hacia adentro sino entrar en contacto con otro miembro. Tan pronto como sea posible. Cuanto más cerca del calor de la acción, mejor. Usamos el teléfono. Hacemos la llamada. Pero no llamamos porque queremos llamar. Hacemos un llamado porque sabemos que tenemos que hacerlo. Nuestro instinto de supervivencia viene a la vida. Y vamos a una reunión tan pronto como sea posible.
La primera vez que participamos en el programa, este grito de ayuda es, en efecto, como un tiro de escopeta que abarca los Pasos Uno, Dos y Tres. Rendirse, de cualquier forma. Eso es todo lo que se necesita, aunque nuestros motivos no sean lo más sincero o correctos. Cuando el deseo nos sobreviene de nuevo, repetimos esta entrega en el mismo punto de nuestro terror, en el fondo de nuestro infierno. Por eso es que admitir la impotencia realmente funciona, cuando estamos en el calor crudo de la tentación y el deseo. Una vez más, es el cambio de actitud que trae alivio. En lugar de, \"tengo que tenerlo o me moriré\" nuestra actitud es: \"Me rindo, estoy dispuesto a no tenerlo, aunque me muera\".
Y no te mueres. Tenemos un indulto. Una vez más. Un indulto que dura unos segundos, minutos, horas, quizás incluso días y semanas. El maremoto se apacigua. El ansia pasa. Y estamos bien. Estamos aprendiendo una de las verdades más importantes del programa \"Un día a la vez\".
Pero habrá otra ola de tentación detrás de esta, y tarde o temprano nos azotará de nuevo. Y esto puede hacer que perdamos el equilibrio.
\"¿Por qué siempre me siento recuperado después de cada pelea y luego quedo atrapado con la guardia baja por la ola que viene?\"
Muchas veces, al ver que hemos dejado de actuar de acuerdo con nuestro hábito durante un tiempo, nos sentimos liberados de él para siempre. Este es usualmente el momento en que volvemos a caer. Llegamos a la realización que siempre estaremos sujetos a la tentación y el poder de la lujuria. Hemos llegado a ver que ante la tentación nos sentimos absolutamente impotentes y que nunca podremos obtener el poder para vencer. Pero, el temor de nuestra vulnerabilidad disminuye gradualmente a medida que nos mantenernos sobrios y trabajamos los Pasos. El momento llega en que la obsesión - no la tentación - se habrá ido.
Empezamos a ver que no hay poder sobre la ansiedad y la anticipación, tenemos que resolver esto cada vez que ocurre. Por lo tanto, cada tentación a la que nos rendimos, cada vez que nos abstenemos de darle fuerza a la lujuria o cualquier otra emoción negativa, es un paso más hacia la recuperación, la curación y la libertad - una nueva oportunidad para cambiar de actitud y buscar la unión con HaShem. No llegamos aquí en un día, sino que toma práctica para sobreponernos al proceso adictivo en nuestro ser. Y se necesita práctica para desarrollar una conexión verdadera con HaShem y con nuestro corazón.
Indulto
A la primera señal de alivio de la obsesión, somos capaces de bajar la guardia. Una vez que aprendemos a vivir sin las cosas más obvias, corremos el riesgo de sentarnos y relajarnos, tomando la vida con calma.
\"Es como si alguien hubiera apagado el interruptor. Así de fácil sentimos que hemos alcanzado nuestra sobriedad\".
Podemos sentir como si la obsesión era realmente algo ajeno a nosotros, extraída como una espina de un dedo, y que podemos permanecer sin cambios, con las mismas actitudes y pensamientos que antes.
\"Voy a ir a ver esa película. Siempre puedo cerrar los ojos en las escenas malas\".
Nos guste o no, esa es la forma en que muchos de nosotros procedemos. Poco a poco. En lugar de correr alegremente al cielo, nos alejamos de nuestro infierno un paso a la vez. A menudo, renunciando a resbalones completos, algunos de nosotros pensamos que podemos permitirnos deslizamientos parciales, disfrutando el alivio temporal que traen. Probando nuestros límites, inventamos todo tipo de estrategias que nos permiten negar nuestra verdadera condición.
Empezamos a mirar a nuestro derredor y nos damos cuenta, una vez más, de lo que nos hemos estado perdiendo. Vemos que todo el mundo parece estar haciendo aquellas cosas que ya no hacemos y saliéndose con la suya. Sentimos la fuerza de atracción en nuestro interior.
\"¿Cómo puede algo que se ve y se siente tan bien ser tan malo para mí?\"
Gran tristeza puede sobrevenir y consumirnos. Dormir se convierte en una imposibilidad. Estamos inquietos, nos sentimos perdidos, vacíos, y no entendemos que es lo que está mal. El pánico interior se apodera de nosotros de nuevo y nos hunde una vez más en nuestra droga.
Es aquí y ahora cuando tomamos acción de nuevo. El dolor que una caída puede causar (y no vamos a hacer mención del miedo), nos sacude y trae devuelta a la realidad. Asistimos a una reunión, hablamos por teléfono, nos ponemos en contacto con alguien de confianza. Salimos de nuestra propia cabeza y entramos en acción.
\"Si me quedo en mi cabeza ahora, estoy muerto!\"
Una vez más, reconocemos que somos impotentes ante la obsesión, sólo que ahora podemos añadir un poco más a nuestro grito de desesperación: \"Por favor, ayúdame (HaShem) Tu voluntad, no la mía, sea hecha\".
Y respiramos otro suspiro de alivio y consuelo. Un nuevo indulto. A pesar de que es posible que nos dejemos llevar por la complacencia de nuevo, este es un momento de paz interior, una paz tal que nunca hemos sentido antes.
Corremos el riesgo de ser engañados porque cuando nos rendimos, nos sentimos satisfechos con nuestro “progreso”. Hemos sido vencedores en una pelea destructiva y hemos jurado \"¡Nunca más caer… en serio… nunca más!\". (¿No hemos hecho este juramente mil veces en el pasado?) Pero la próxima vez que tenemos la necesidad y la ola rompe sobre nosotros otra vez casi al punto de subyugarnos, no actuamos como es costumbre, no recurrimos a nuestra droga - un día a la vez, una hora a la vez, a veces minuto a minuto. Y al fin el antojo pasa.
Nos rendimos constantemente. Practicamos día con día, hora tras hora. Y después de tanto practicar, al fin se convierte en hábito. Así es como conseguimos el cambio de actitud que permite que la gracia de Dios entre en nosotros y nos ayude a expulsar la obsesión.
El rabino Mordejai Dixler nos escribe:

En un momento crucial en la historia de Purím, Mordejai envía un mensaje a la reina Ester: ve al rey Ajashverosh, y ruégale que revoque el decreto de Amán para aniquilar al pueblo judío. Ester responde que entrar en la cámara del rey sin ser invitado es castigado con la muerte - que debe esperar a que se le llame, o ella será asesinada simplemente por entrar. La respuesta de Mordejai es desafiante y directa (Ester 4:14): \". Si usted no va a ver al rey, la nación será salvada de otra manera, mientras usted y su familia morirán\"
¿Cómo podemos interpretar este va y ven entre estas dos figuras? ¿Fue simplemente una cuestión de Ester temiendo por su vida, mientras que Mordejai le instó a poner la situación de su pueblo delante de la propia?

Su argumento, explica el Nesivos Shalom, es algo mucho más fundamental. Ester había aceptado el destino de su pueblo. Ella argumentó que habían llegado a un nivel espiritual tan bajo que no se merecían la Divina liberación del decreto de Hamán. El Todopoderoso tiene sus reglas, y la gente las había roto y estaban destinados a la extinción. Mordejai respondió que no hay situación que no tenga esperanza. Seremos salvados \"de alguna u otra manera\", una que desafíe todas las reglas. Dios tiene un profundo amor por nosotros y romperá las reglas de su reino por nosotros, aunque no seamos merecedores de ello. Si vamos más allá de nuestros límites por Él, Él sobrepasara sus propios límites por nosotros. Entra en el palacio en contra de las reglas, dijo, y demuestra cómo nuestro amor por Él también trasciende todos los límites.

Purim nos anima a vivir en esta llanura que domina nuestras limitaciones naturales. Amurallada por los límites físicos, emocionales y espirituales, a menudo no vivimos a la altura de nuestro potencial de grandeza, aceptando que algunas cosas son simplemente imposibles de lograr. Algunas cosas son realmente imposibles, pero nunca están sin remedio. El Todopoderoso tiene amor sin límites y esta a la espera para ayudarnos pues con Él todo es posible. Con esto en mente, podemos tener la fuerza para intentar y espero lograr lo imposible.

Que todos tengamos un Purim lleno de alegría sin límites!

Shabat Shalom,
Rabino Mordejai Dixler
Director del Programa Proyecto Génesis - Torah.org
En nuestra pagina de inicio encontraras informacion acerca de como mantener tu anonimato. El grupo telefonico se ha estado reuniendo 3 veces por semana y nos comunicamos via Skype pero sin video. Aun mas, Skype tiene un programa que puede enmascarar tu voz por si temes que alguien, que esta pasando por lo mismo que tu, te reconozca la voz. Escribenos a ayuda@gye.org.es y pide mas detalles. Te aseguro que vale la pena.
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