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A la tierna edad de 7 años algunos miembros de mi familia me introdujeron a un mundo para el cual yo no estaba ni preparado ni lo suficientemente maduro para entender que estaba sucediendo. Fue entonces cuando caí victima a las adicciones del sexo y la pornografía. A partir de ahí descubrí que la pornografía era algo muy común (al menos en mi familia) y cuan fácil era encontrar las revistas y películas que los adultos habían escondido. Con el tiempo la pornografía adquirió un lugar principal en mi vida. La escuela, el trabajo, los amigos… nada era más importante que mis películas.
Me casé a la edad de veinte pensando que podría sustituir las películas por las relaciones matrimoniales. En menos de un año estaba viendo películas otra vez, día y noche. Eran más importantes que prestar atención a mi esposa. Yo no entendía porque ella no quería hacer cosas conmigo como en las películas pues todo parecía muy placentero.
En menos de diez años me había enlistado en el ejército. Días de entrenamiento, combate y tensión eran apaciguadas con noches de lujuria y pornografía. Ya no había tiempo ni espacio para mi esposa e hijos y diez años de matrimonio culminaron en divorcio. Pero yo estaba contento pues tenía mis películas.
Por cinco años pude esconder mi adicción de mi segunda esposa hasta que en agosto del 2011 me encontró, otra vez, viendo imágenes pornográficas en mi computadora. Después de confesarle, al fin, de mi adicción, ella me dijo muy enfáticamente que yo necesitaba encontrar un grupo de hombres que estuvieran enfrentando la misma adicción. Me dio la opción de escoger entre ella y la pornografía. Esta era mi última oportunidad. Tristemente, era evidente que yo no podía dejar de ver pornografía por mi cuenta. Esta no era la primera vez que ella me había rogado que me apartara de estas cosas. Por supuesto que le había prometido apartarme do todo esto pero a decir verdad, mi fuerza de voluntad no era suficiente para superar mis deseos y adicción.
Para setiembre del 2011 estábamos separados. Estudiando algunas clases de historia y de la Tora en el sitio web Aish.com vi un artículo de una mujer que estaba a punto de divorciar a su esposo porque él (al igual que yo) no hacía por donde dejar la pornografía de lado. Vine a dar al sitio web de ¨Guard Your Eyes¨ ‘Cuida Tus Ojos.´ Vi que era un sitio dedicado a Judíos religiosos que están tratando de resolver su adicción. Al instante me inscribí para recibir el Chizuk diario. Además, cuanto más leía Chizuk, más me convencí que tenía que compartir con otros en el foro pues este es un acto muy importante para poder superar esta adicción. Fue ahí cuando y donde me enteré del programa de 12 pasos. Me uní a un grupo vía conferencia telefónica en inglés (en Estados Unidos) que estudia e implementa estos pasos en su vida diaria. Compartimos nuestras experiencias, retos y dificultades, nos damos aliento y consuelo los unos a los otros. Reconocí que tenía un problema, le pedí ayuda a HaShem, y empecé a compartir con otros.
Puedo comparar el sitio web de ¨Cuida Tus Ojos¨ con un faro. Miro alrededor y a la distancia y veo un mundo completamente sumergido en lujuria y toda clase de inmoralidad sexual. Pero, en medio de todo esto, ahí está Cuida Tus Ojos… una pequeña y distante luz que veo brillando fuerte. Una pequeña luz que me ha llenado de fortaleza y me ha ofrecido una nueva vida. Tengo la mirada fija en esta luz y por decirlo así, estoy nadando hacia ella. De vez en cuando viene una ola que trata de sumergirme, pero eso no me detiene pues HaShem me lleva de la mano. HaShem ha levantado un gran peso de mis hombros. Una carga que había llevado por 41 años.
Desde que me uní al foro he encontrado paz y esperanza para mi matrimonio, mi vida en este mundo y el mundo porvenir. Gracias ¨Cuida Tus Ojos.¨
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