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como es tan fuerte la pornografia cientificamente
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TOPIC: como es tan fuerte la pornografia cientificamente 2838 Views

como es tan fuerte la pornografia cientificamente 6 years, 5 months ago #43

  • bajur
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le conteste esto a un usuario es algo que lei y me parecio correcto compartirlo

si la adiccion es muy fuerte te esplico:
cuando la persona esta con su paraja y termina el cuerpo libera hormonas
(si no me equivoco es la oxitonina)que hace que la persona se veincule mas profundamente
con su pareja cuando la pareja es la computadora (por ejemplo) pasa lo mismo se convierte
en el mismo vinculo

y el simple echo que tu cuerpo lo traduzca como placer lo hace necesario es lo mismo que
pasa con las drogas como la cocaina

mucha suerte a todos espero que podamos dejar este vicio tan fuerte

saludos

nota :es el resumen de que lei

Re: como es tan fuerte la pornografia cientificamente 6 years, 4 months ago #79

  • lojem55
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ES OBVIO, SI PRUEBAS UNA COMIDA, POR EJEMPLO PASTEL DE CHOCOLATE Y TE GUSTA, CUANDO LO TENGAS ENFRENTE VAS A QUERER MAS

Re: como es tan fuerte la pornografia cientificamente 6 years, 4 months ago #109

Me rindo

El programa de los doce pasos no nos enseña cómo parar – ya hemos parado una y mil veces. Nos muestra cómo evitar caer de nuevo. Mirando atrás, nos damos cuenta que siempre deseábamos que el terapeuta, nuestro cónyuge, o que HaShem mismo nos detuviera - nos arreglara. Ahora, nos detenemos, y luego, nos entregamos a HaShem, y en nuestra entrega a Él, Su poder se hace eficaz en nosotros.
Unirse a un grupo telefónico no significa que el problema desaparece automáticamente. La mayoría de nosotros ha intentado parar incontables veces. El problema es que no podíamos permanecer limpios, porque nunca nos habíamos rendido. Por lo tanto, la primera vez que el deseo se apodera de nosotros de nuevo, cuando tengamos ese impulso de caer de nuevo, renunciamos a él, a pesar de que nos sentimos morir. Y a veces, en nuestro nuevo estado de ánimo, la ansiedad puede parecer más fuerte que nunca. Pero no tenemos que luchar como antes, no tenemos que perder la batalla como antes. Tampoco tenemos que ceder a él. Nos rendimos. Porque ganamos cada vez que nos damos por vencidos... cada vez.
Puede que nuestros viejos hábitos nos confundan. \"Mi cabeza gira automáticamente. No puedo dejar de alimentarlos. No tengo otra opción\".
Es que siempre hemos alimentado nuestro hábito. Simplemente, no éramos conscientes de ello. Así que cada vez que esto sucede, debemos reconocer nuestra impotencia. En lugar de luchar o caer, nos rendimos. Marcamos a otro adicto, pedimos ayuda (de Dios), nos vamos a una reunión. Podemos incluso admitir que es posible que no tengamos un deseo total por la victoria sobre la lujuria, la mayoría de nosotros no tenemos motivos puros en nuestro deseo de recuperar nuestra cordura.
La recuperación es un proceso lento.
La primera vez que resistimos la tentación sin recurrir a nuestra droga, descubrimos que no nos morimos. Por el contrario, nos sentimos mejor, más fuertes, y vemos que a lo mejor hay esperanza. Hablamos de la tentación en una llamada telefónica o escribimos de ello en el foro. Esta actitud de entrega total ayuda a romper el poder que la memoria del incidente tiene sobre nosotros. Y si la lujuria nos domina de nuevo, hablamos de ello abierta e independientemente de la vergüenza de tal derrota. Todos hemos vivido esta experiencia y sabemos lo que se siente. También sabemos que la liberación y la alegría que trae esta rendición nos vuelve a la luz.
Por lo general, nos encontramos con que nuestra entrega inicial fue incompleta y empezamos a ver algunos cabos sueltos. Descubrimos que hemos escondido sentimientos y fantasías con el fin de tener una “reserva” para las necesidades futuras. Al igual que los alcohólicos esconden sus botellas.
\"Es la llave de su apartamento, quizá la necesite otra vez\".
\"Voy a guardar su número de teléfono, quizá pueda ayudarle en algún momento.\"
\"Voy a deshacerme de las revistas más tarde ...\"
En la recuperación, simplemente nos deshacemos de las cosas que no son para bien. Nadie nos tiene que decir que hay que tirar, lo sabemos instintivamente. De hecho, siempre lo hemos sabido, pero nunca tuvimos el coraje de dejarlas ir. Tarde o temprano, el impulso ataca de nuevo, a veces de la nada, como una ola rompiendo sobre nosotros. Tal vez sea la primera vez que nos sintamos rechazados. Todos tenemos innumerables factores que pueden desencadenar un ataque de lujuria.
\"Nunca pensé que volvería a saber de esa chica otra vez. ¿Y ahora qué hago?\"
\"Es demasiado fuerte! ... Nadie notará la diferencia.\"
\"Una mirada nunca mató a nadie ...\"
\"Todo el mundo lo está haciendo!\"
A menudo comienza en lo profundo de nuestros pensamientos más íntimos, cuando estamos solos, cuando estamos viviendo dentro de nuestra cabeza y las emociones que no hemos enfrentado comienzan a abrumarnos. Entonces, ¿qué hacemos? Naturalmente, queremos usar la droga de nuevo, pues es así como estamos programados. En lugar de caer, nos rendimos. Una vez más. Al igual que la primera vez. Y el grito de ayuda se eleva otra vez: Yo soy impotente (HaShem), por favor, ayúdame!

Y tomamos la acción de no mirar más hacia adentro sino entrar en contacto con otro miembro. Tan pronto como sea posible. Cuanto más cerca del calor de la acción, mejor. Usamos el teléfono. Hacemos la llamada. Pero no llamamos porque queremos llamar. Hacemos un llamado porque sabemos que tenemos que hacerlo. Nuestro instinto de supervivencia viene a la vida. Y vamos a una reunión tan pronto como sea posible.
La primera vez que participamos en el programa, este grito de ayuda es, en efecto, como un tiro de escopeta que abarca los Pasos Uno, Dos y Tres. Rendirse, de cualquier forma. Eso es todo lo que se necesita, aunque nuestros motivos no sean lo más sincero o correctos. Cuando el deseo nos sobreviene de nuevo, repetimos esta entrega en el mismo punto de nuestro terror, en el fondo de nuestro infierno. Por eso es que admitir la impotencia realmente funciona, cuando estamos en el calor crudo de la tentación y el deseo. Una vez más, es el cambio de actitud que trae alivio. En lugar de, \"tengo que tenerlo o me moriré\" nuestra actitud es: \"Me rindo, estoy dispuesto a no tenerlo, aunque me muera\".
Y no te mueres. Tenemos un indulto. Una vez más. Un indulto que dura unos segundos, minutos, horas, quizás incluso días y semanas. El maremoto se apacigua. El ansia pasa. Y estamos bien. Estamos aprendiendo una de las verdades más importantes del programa \"Un día a la vez\".
Pero habrá otra ola de tentación detrás de esta, y tarde o temprano nos azotará de nuevo. Y esto puede hacer que perdamos el equilibrio.
\"¿Por qué siempre me siento recuperado después de cada pelea y luego quedo atrapado con la guardia baja por la ola que viene?\"
Muchas veces, al ver que hemos dejado de actuar de acuerdo con nuestro hábito durante un tiempo, nos sentimos liberados de él para siempre. Este es usualmente el momento en que volvemos a caer. Llegamos a la realización que siempre estaremos sujetos a la tentación y el poder de la lujuria. Hemos llegado a ver que ante la tentación nos sentimos absolutamente impotentes y que nunca podremos obtener el poder para vencer. Pero, el temor de nuestra vulnerabilidad disminuye gradualmente a medida que nos mantenernos sobrios y trabajamos los Pasos. El momento llega en que la obsesión - no la tentación - se habrá ido.
Empezamos a ver que no hay poder sobre la ansiedad y la anticipación, tenemos que resolver esto cada vez que ocurre. Por lo tanto, cada tentación a la que nos rendimos, cada vez que nos abstenemos de darle fuerza a la lujuria o cualquier otra emoción negativa, es un paso más hacia la recuperación, la curación y la libertad - una nueva oportunidad para cambiar de actitud y buscar la unión con HaShem. No llegamos aquí en un día, sino que toma práctica para sobreponernos al proceso adictivo en nuestro ser. Y se necesita práctica para desarrollar una conexión verdadera con HaShem y con nuestro corazón.
Indulto
A la primera señal de alivio de la obsesión, somos capaces de bajar la guardia. Una vez que aprendemos a vivir sin las cosas más obvias, corremos el riesgo de sentarnos y relajarnos, tomando la vida con calma.
\"Es como si alguien hubiera apagado el interruptor. Así de fácil sentimos que hemos alcanzado nuestra sobriedad\".
Podemos sentir como si la obsesión era realmente algo ajeno a nosotros, extraída como una espina de un dedo, y que podemos permanecer sin cambios, con las mismas actitudes y pensamientos que antes.
\"Voy a ir a ver esa película. Siempre puedo cerrar los ojos en las escenas malas\".
Nos guste o no, esa es la forma en que muchos de nosotros procedemos. Poco a poco. En lugar de correr alegremente al cielo, nos alejamos de nuestro infierno un paso a la vez. A menudo, renunciando a resbalones completos, algunos de nosotros pensamos que podemos permitirnos deslizamientos parciales, disfrutando el alivio temporal que traen. Probando nuestros límites, inventamos todo tipo de estrategias que nos permiten negar nuestra verdadera condición.
Empezamos a mirar a nuestro derredor y nos damos cuenta, una vez más, de lo que nos hemos estado perdiendo. Vemos que todo el mundo parece estar haciendo aquellas cosas que ya no hacemos y saliéndose con la suya. Sentimos la fuerza de atracción en nuestro interior.
\"¿Cómo puede algo que se ve y se siente tan bien ser tan malo para mí?\"
Gran tristeza puede sobrevenir y consumirnos. Dormir se convierte en una imposibilidad. Estamos inquietos, nos sentimos perdidos, vacíos, y no entendemos que es lo que está mal. El pánico interior se apodera de nosotros de nuevo y nos hunde una vez más en nuestra droga.
Es aquí y ahora cuando tomamos acción de nuevo. El dolor que una caída puede causar (y no vamos a hacer mención del miedo), nos sacude y trae devuelta a la realidad. Asistimos a una reunión, hablamos por teléfono, nos ponemos en contacto con alguien de confianza. Salimos de nuestra propia cabeza y entramos en acción.
\"Si me quedo en mi cabeza ahora, estoy muerto!\"
Una vez más, reconocemos que somos impotentes ante la obsesión, sólo que ahora podemos añadir un poco más a nuestro grito de desesperación: \"Por favor, ayúdame (HaShem) Tu voluntad, no la mía, sea hecha\".
Y respiramos otro suspiro de alivio y consuelo. Un nuevo indulto. A pesar de que es posible que nos dejemos llevar por la complacencia de nuevo, este es un momento de paz interior, una paz tal que nunca hemos sentido antes.
Corremos el riesgo de ser engañados porque cuando nos rendimos, nos sentimos satisfechos con nuestro “progreso”. Hemos sido vencedores en una pelea destructiva y hemos jurado \"¡Nunca más caer… en serio… nunca más!\". (¿No hemos hecho este juramente mil veces en el pasado?) Pero la próxima vez que tenemos la necesidad y la ola rompe sobre nosotros otra vez casi al punto de subyugarnos, no actuamos como es costumbre, no recurrimos a nuestra droga - un día a la vez, una hora a la vez, a veces minuto a minuto. Y al fin el antojo pasa.
Nos rendimos constantemente. Practicamos día con día, hora tras hora. Y después de tanto practicar, al fin se convierte en hábito. Así es como conseguimos el cambio de actitud que permite que la gracia de Dios entre en nosotros y nos ayude a expulsar la obsesión.
Perdonado 62
Conquista un dia a la vez
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